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domingo, 23 de junio de 2013

Lienzo de piel.




El sol desaparecía y la tarde iba cerrando sus puertas,
mientras la luna despertaba y la noche daba paso a un cielo estrellado.
La ocasión prometía ser una artística obra de amor; nuestros cuerpos serían el lienzo, y nuestros besos y caricias la tinta de la pasión.

Era esa, tu piel, una tersa tela que combinaba muy bien con mi cálido cuerpo terciopelo.
Los colores de tus besos eran intensos; pasaban del más suave rosa, al rojo carmín apasionado. Juro que nunca quisiera borrar la tinta que dejaron ellos en mí.

Toda la noche encendimos la luz del amor, e hizo de este episodio una velada brillante.
Tus dedos jugaron a ser pinceles, que dibujaron a su antojo a través de toda mi piel los deseos más inimaginables que guardabas dentro de tu ser.

Mi piel fue el mejor lienzo donde supiste dibujar el paisaje de tus sueños húmedos.
Creaste la primera obra de amor que nadie jamás antes dibujó  en mí, y la hiciste perfecta, única; con las mejores tonalidades de tus tintas, esas que brotaban de tu cuerpo y se impregnaban en mi ser como un tatuaje permanente.








miércoles, 25 de julio de 2012

.::. Noche turbia .::.




Cae la noche y en un impetuoso infierno se transforma este día. La ligera frescura de la mañana se esfumó en la tarde lúgubre de nubes negras y relámpagos detonantes. Con el olor de la tierna flor que asoma sus pétalos en mi terraza, trato de perfumar esta terrible preocupación que abruma en esta noche a mi alma, por no saber con certeza a dónde irá a parar este hilo de ilusiones rotas.


El río empieza a sonar con alta rudeza, su envoltijo de agua opaca se desborda por la calle trasera de mi casa e inunda mi calma sin importar daño alguno; tan sólo cubre esta tímida mirada, la inunda de llanto y sollozos haciendo a mi cuerpo convulsionar en medio de la crujida tormenta y así es como la noche turbia comienza.


Agujeros en el tejado, llueve piedra y agua a cántaros. Nada ni nadie detiene esta tormenta nocturna. Crece el arroyo en la calle J, y mi terraza se inunda de esa nebulosa. La brisa con prisa viene a alejarme de la tranquila  tertulia sostenida entre mi gato y yo; viene, viene a arrasar con sus susurros guturales y dejando a su paso, rastros de desechos arrojados por el equívoco ente humano.


Sola, así he quedado después de los instantes de este embrollado momento. Sola, sin una ilusión, sin mi taza de té, sin mi florecita tierna, sin hilos que tejer. Así termina esta historia, con nudo y sin desenlace, con un comienzo a tientas y sin un final felíz. De esta manera, me despido con un hasta luego, pues queda mucho que barrer aquí, tal vez vuelva con el seguimiento de esta historia, o quizá le invente un final feliz.

Annabel Lee.